Desde el 30 y 31 de diciembre del 2010, la mayoría de las personas que conozco hablaban de los sueños y deseos y lo que pedirían para el siguiente año, era en ese momento que mi ceño se fruncía, en realidad no creo en que se rompa un ciclo a las 12 de la noche y todo cambie; pero si en realidad esto sucediera, sin más ni más solo pedía poder alejarme de cosas que me hicieron daño durante el año, de las que aprendí y de las que decidí alejarme.
Entre las que más me motivaba huir era el amor, la sensación de conocer, de involucrarse, de relacionarse afectivamente en otro terreno mas allá que el de la amistad, me producía nervios y mi coraza estaba para el fin de año, total y absolutamente blindada.
Pero involucrado en el 2011 y accediendo día a día, a la virtualidad, al mundo mediático, a las redes sociales y a todo lo que tienes al alcance con solo mirar tu Smartphone, apareció cierto personaje que con un par de conversaciones por el tan querido o tan odiado blackberry Messenger, logro captar mi atención y con el paso de los días mi silencio, mis charlas y luego de tenerlo por tan solo un par de horas al frente, logro grabar el verde color de sus ojos en mi memoria.
Y asi, no tan despacio como quisiera que fueran las cosas a veces, pero tan rápido como las hace mi personalidad me logre encarretar de una manera profunda, sencilla, de una manera que creía atípica para mi edad, jamás pensé que después de los 30, las piernas sintieran cosquillitas, ni que la llamada a las 7 am, para saber como dormiste fuera absolutamente romántica y no emputante por el hecho de romper mi sueño.
Y hoy, 7 de febrero siento que encontrar a alguien que me brinde la posibilidad real de sentir, sonreír y crecer, me hace una persona privilegiada en el bello arte que estoy redescubriendo que es el amor.
Camilo Mateus
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